10/11/2020

Las espuelas de Rusia (1936)

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Las espuelas de Rusia, 1936

PECES HISTÒRIQUES TRIADES PER JOSEP MARIA CASASÚSDijimos en nuestro primer comentario a la nota soviética, caída en los centros políticos de Londres como una bomba, que la batalla de la democracia española en el frente internacional no estaba perdida ni mucho menos. Hoy, vistos los primeros efectos del paso dado por la URSS, nos afírmanos en nuestro optimismo. Inglaterra y Francia, quieras que no, tendrán que dejar los circunloquios y las ambigüedades para adoptar resoluciones claras ante la violación evidente, por parte de las potencias de régimen autoritario, del acuerdo de no injerencia en los asuntos interiores de nuestro país. Las acusaciones de Rusia son tan concretas y directas, que no se pueden esquivar huyendo el cuerpo o echando sobre las mismas todos los algodones de la diplomacia tradicional, blanda y confusionaria como la niebla londinense. Acusa una gran potencia. Su acusación va dirigida a Italia, Alemania y Portugal; pero, aunque de modo indirecto, Inglaterra y Francia, a cuya iniciativa se debe el acuerdo violado, se han de sentir también acusadas, porque pesa sobre ellas la responsabilidad de lo sucedido. Debían haber aplicado al caso de España, desde el primer momento, las normas del Derecho internacional, facilitando armas al Gobierno legítimo de una nación amiga y negándoselas a los facciosos. […] Pero acusa una gran potencia, repetimos. Una gran potencia no necesita más que hacer sonar sus espuelas para que en seguida se le otorgue la máxima atención. Sucede, por otra parte, que la voz de la potencia acusadora llega al corazón del pueblo inglés y del pueblo francés, que habían estado pidiendo a gritos cañones y aeroplanos para la República española. En consecuencia, la voz de Rusia, ya de por sí impresionante, se acompaña de resonancias populares formidables, que obligarán a los Gobiernos de Londres y París a definir su actitud, de acuerdo con los tratados y con su carácter democrático. Italia, Alemania y Portugal, por supuesto, negarán que hayan auxiliado a los militares rebeldes de España después de haber firmado el acuerdo de no intervención. No es que esperen convencer a nadie con sus protestas de haber respetado fielmente el compromiso contraído; lo que pretenden es retardar las negociaciones, entretanto continúan haciendo nuevas remesas de material de guerra a los fascistas españoles, dando así tiempo a Franco hasta ver si obtiene un éxito decisivo en la marcha sobre Madrid. La maniobra es demasiado burda y se ha repetido ya muchas veces para que Inglaterra y Francia se atrevan a facilitarla, desafiando la vigilancia de la opinión popular. También vigilan los representantes de Rusia y otras potencias en la Comisión de Control. También vigila nuestro Gobierno, que no ha descuidado un momento el frente internacional, hasta ocupar excelentes posiciones estratégicas. […]

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