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La fiscal Miriam Segura y el desmontaje de Trillo y Rajoy

La responsable de la acusación en el caso del PP de Valencia fue objeto de conspiración

Seguir a Miriam Segura, una mujer en sus cuarenta y tantos, cabello color negro azabache, cuando pregunta a Francisco Correa en la sala de juicio por el abecé de la trama de financiación del Partido Popular de la Comunidad Valenciana, una trama en la que ella y su compañera Concha Sabadell comenzaron a perseguir en aquel verano de 2008,  antes de su judicialización, es reconfortante. Porque tanto ella como su colega son dos supervivientes de la ofensiva del PP.

En esta misma sala donde Segura está acusando estos días se sentó Mariano Rajoy como testigo en el juicio de Gürtel 1999-2005 el pasado 26 de junio de 2017 por decisión del voto mayoritario de los magistrados José Ricardo de Prada y Julio de Diego. 

Un Rajoy que ocho años antes, el 11 de febrero de 2009, pensando en las dos fiscales, dijo con el respaldo de su junta directiva: “Esto no es una trama del PP, es una trama contra el PP”.

¿Por qué pensaba en las dos fiscales? Porque Federico Trillo, encargado por Rajoy de la estrategia legal –cobró del PP por este trabajo alrededor de 48.000 euros- le explicó que todo era un montaje del entonces ministro Alfredo Pérez Rubalcaba, del fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, y de la Fiscalía Anticorrupción a la que pertenecían Segura y Sabadell.

Toda la estrategia consistió en apartar a las dos fiscales. Para Trillo ellas estaban en la génesis (del latín, derivado de un vocablo griego, quiere decir el origen). Y había que acabar por todos los medios.

Fue en 2010 cuando Trillo, actualmente en el Consejo de Estado tras cesar a raíz del caso del Yak 42 en la embajada española en Londres, pasó a la acción directa. Tan sinuoso como algunos de sus contactos en la judicatura, Trillo consiguió que el exfiscal y abogado Ignacio Peláez, recientemente fallecido, presentara una querella contra ellas ante la sala Segunda del Tribunal Supremo por presunta prevaricación.  Peláez representaba al constructor imputado en  Gürtel José Luis Ulibarri y se había querellado contra el juez instructor Baltasar Garzón con el plan apartarle de la causa, cosa que consiguió.

Trillo vendió las pieles de Miriam Segura y Concha Sabadell antes de cazarlas y difundió a los medios de comunicación  que se avecinaba un “giro copernicano” en la causa porque el Supremo probaría que las dos fiscales habían ocultado pruebas que favorecían a Francisco Camps, presidente de la Comunidad Valenciana. Era una falsedad.

Y el magistrado Alberto Jorge Barreiro se encargó de desmentirle inadmitiendo la querella.

Más tarde, en septiembre de 2011, después de un sobreseimiento fraudulento de la causa contra Luis Bárcenas por parte del juez Antonio Pedreira, Trillo se soltó la melena y declaró que se demostraba que todo era un montaje. Pero al igual que con su “giro copernicano” frustrado de 2010 en el Supremo, esta vez tocó a la Audiencia Nacional desmentirle: el sobreseimiento fue anulado y el juez Pablo Ruz comenzó a instruir la causa, con Sabadell y Segura en la sala de máquinas.

Rajoy ya se enfrentó con Concha Sabadell el pasado 26 de junio, él como testigo y ella como la fiscal acusadora. El presidente del PP y del Gobierno no está citado como testigo en el caso del PP de Valencia –como no lo estaba inicialmente en Gürtel- pero el magistrado que enjuicia el caso, juez Vázquez Honrubia, ha dictado una providencia que deja entreabierta la puerta –como lo hicieron De Prada y de Diego en febrero de 2017- para citar a Rajoy y a otros dirigentes del partido.

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