ABANSD’ARA

La ciudad ayer y hoy. Fira de Sant Ponç

La ciudad ayer y hoy. Fira de Sant Ponç
Nèstor Luján1981
11/05/2018
2 min

Peces Històriques Triades Per Josep Maria Casasús[...]

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Aprincipios de Semana Santa la gente de Barcelona iba a buscar tomillo a los alrededores de la ciudad que siempre lo tuvieron en abundancia. La planta olorosa, de florecilla morada, se vendía en la tarde silenciosa del día de Jueves Santo. En aquellos días de ayuno, la aromática sopa de tomillo era obligada. En los atrios de las iglesias se vendía el tomillo -y todavía hay quien lo vende- a las gentes que iban a visitar los Monumentos instalados en el altar mayor de cada templo. El tomillo, además de estos usos culinarios -alguien ha dicho que era el aroma secreto de la cocina francesa- no es mala infusión. En los papeles antiguos se afirma que esta infusión tiene una feliz influencia digestiva al igual que actúa sobre el sistema nervioso: aviva la circulación de la sangre, favorece el trabajo intelectual y proporciona un sueño apacible. La esencia de tomillo, rica en un fenol particular llamado timol -que hoy se fabrica sintéticamente-, servía para elaborar el agua timolada que tan acreditada estaba para tratar golpes, reumatismos y tortícolis. Las hojas pulverizadas eran un excelente dentrífico. El tomillo en vino producía una decocción sanadora de úlceras y heridas menores. El tomillo debía ser recio y silvestre: el de jardín es menos perfumado y robusto. El tomillo, junto con el espliego y el romero, va ligado fiel a estos días de primavera en la memoria olfativa tan persistente de las gentes de mi edad. En los pórticos de las iglesias -como he señalado- las viejas vendedoras de estas hierbas parecían traer algo del campo a la ciudad. Eran como un espontáneo precedente de la Fira de Sant Ponç que aún viene cada año el día 11 de mayo, y es una de las pocas ferias de la ciudad antigua que se conserva pujante, quizá por su aroma rural y sus dulcerías. Pero no basta hoy esta presencia rural. Hoy vamos ya de la ciudad al campo porque estas humildes hierbas no sirven ya para el ciudadano oprimido por el aire abrumador e inficionado de la urbe. Es bien poca cosa un manojito de bravo tomillo o de perfumada lavanda. Poca y emocionante cosa. […] Y tantos otros momentos de la vida cotidiana de la ciudad que hemos visto desaparecer, con paso sigiloso y vergonzante, sin darnos cuenta. […]

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