ABANS D’ARA

Conmemoraciones: el Corpus catalán (1921)

Peces Històriques Triades Per Josep Maria Casasús

Conmemoraciones:  el Corpus catalán (1921)
EDITORIAL DE ‘LA PUBLICIDAD’ 1921
03/06/2021
3 min

De l’editorial de La Publicidad (26-V-1921), diari dirigit llavors per Romà Jori. Ahir era Corpus en el calendari catòlic. Es coneix com a Corpus de Sang el del 7 de juny de 1640. Va ser l’inici de la revolta catalana contra el govern de Felip IV, fet desencadenant de la Guerra dels Segadors. El catalanisme del segle XX commemorava els 7 de juny el Corpus de 1640.

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En el renacimiento catalán nos hemos complacido en recordar fechas, episodios y hombres de aquellos actos de la historia que presentan caracteres de luto, especialmente el 11 de Septiembre por un lado, con la caída de Rafael de Casanova, y el Corpus de Sangre por otro lado, con el negro Santo Cristo de los Segadors. Sin duda, que la fiesta del Corpus, con el destello de la luz primaveral, con el espléndido homenaje que nos ofrece la naturaleza, cubriendo de flor de oro nuestras montañas y perfumando con olor de miel el ambiente, podría ser una fiesta muy catalana, triunfando en todas partes la nota de color y el canto de las aleluyas. Pero no es muy grata, ni muy gloriosa, para la nacionalidad catalana, esa fiesta que recuerda la sublevación contra un yugo que no pudo romperse. Pero es la fiesta que ha encarnado más dentro de las multitudes... Mal signo. Comprenderíamos nosotros que para fortificar la fe catalana conmemoraríamos los hechos de nuestro engrandecimiento y buscáramos, por ejemplo, como ha hecho Francia, una figura en la tradición de la historia. No precisamente las fechas de las caídas. Y en la historia catalana, en la historia de los anales catalanes, hay grandes figuras que hablan de nuestra expansión y de nuestra grandeza, y que son las altas cumbres donde se puso el sol, cuando el pendón de Cataluña triunfaba. Aquí está la gran figura de Ramón Muntaner, el hombre más alto que hemos tenido, el más representativo y completo, el que encarna el momento de la gloria y el momento del poderío, el hombre que pasea el nombre de Cataluña por las costas de Francia, Italia y África, que llega hasta Oriente a clavar, en la península de Galípoli, en los Estrechos, firmemente, la bandera catalana. Y ese hombre, que ha escrito además, en el más puro lenguaje, las planas gloriosas de sus crónicas, que son las planas gloriosas de un trozo de vida de Cataluña, ese hombre queda obscurecido, sin ser honrado como se merecen los nombres de aquellos catalanes que sólo intervinieron en el periodo de decadencia y muerte. Deberían pensar más los catalanes en el periodo aquel de Muntaner […] en lugar de buscar los símbolos de la nacionalidad catalana en los momentos más tristes y dolorosos. El símbolo tiene que ser una rama de roble triunfal y no un espectro triste de la llama de un ciprés. Tiene que servir de símbolo la bandera de la victoria, no el triste sudario de un vencimiento. Ni el Corpus de Sangre, ni el 11 de Septiembre son fechas propicias para la conmemoración catalana. Como si Cataluña temiera el triunfo. Y así se explica que Barcelona no posea ninguna estatua del monarca arrogante, don Jaime I, montado en su corcel encabritado. Y como símbolo se tendría que pensar más en las arrogancias de don Jaime y en la política de Ramón Muntaner que no en las arengas de Pau Claris ni en las heridas de Rafael de Casanova.

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