09/12/2020

Ha concluido la reclusión voluntaria en Montserrat (1970)

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Els advocats del Procés  de Burgos, que va motivar  la tancada a Montserrat.

Peces Històriques Triades Per Josep Maria CasasúsInforma la agencia Logos que el grupo de casi trescientas personas recluidas voluntariamente en la hospedería de Montserrat desde la tarde del sábado, a última hora de la tarde del lunes empezaron a abandonar el monasterio. Se señala que por la mañana el abad dom Casiano Just solicitó a la fuerza pública garantías para que en el caso de que abandonaran el encierro no les fuera solicitada la documentación. […] La salida se ha efectuado en perfecto orden, figurando al frente de la comitiva el abad de Montserrat dom Casiano Just. También se ha sabido ahora que ni Joan Miró ni Antonio Tápies han pernoctado en la Abadía, como se había indicado, pues simplemente hicieron acto de presencia el sábado y a continuación siguieron viaje hasta Barcelona. Nota del Gobierno Civil: Como ha informado la Prensa, desde las últimas horas de la tarde del sábado, un grupo de aproximadamente 230 personas, permanecía encerrado en el convento de los monjes benedictinos del Monasterio de Montserrat, dando lugar con su actitud a una campaña de calumnias y falsedades recogida por alguna prensa y radio extranjeras, con la finalidad de desprestigiar al país y a sus instituciones. Ante estos hechos, que no podían tolerarse, en la tarde de ayer, lunes, los encerrados fueron emplazados por la autoridad para que desalojaran el convento, lo que realizaron sin necesidad de que las fuerzas del orden público allí presentes tuvieran que intervenir. Editorial: La reclusión voluntaria de un numeroso grupo de personalidades destacadas de la vida barcelonesa en la Abadía de Montserrat, ha terminado ayer sin intervención de la fuerza pública y sin que se produjera ningún incidente. Esta forma de reflexionar colectivamente respecto a una circunstancia dada -porque no se ha informado sobre su finalidad cierta- es discutible quizá en cuanto a su oportunidad y eficacia, si bien hay que reconocer que realizada por personas como las que se han reunido en Montserrat, no podía llegar hasta ningún extremo de peligrosas derivaciones, ni para el orden ni para la paz públicas. Es muy satisfactorio, pues, que el acto haya terminado sin mayores consecuencias. Y hay que hacer constar la satisfacción que producirá en Barcelona, y en todo el país, ver cómo un acto -quizá poco trascendente en su materialidad táctica, pero destacado por la personalidad de muchos de los reunidos y el lugar en que se ha realizado, tan querido por todos los catalanes-, haya acabado felizmente. Al mismo tiempo, se sentirá también, por parte de la opinión, una impresión de confianza respecto a las autoridades de la provincia que han abordado el asunto sin nerviosismo, sin deformarlo, sin desquiciarlo. La prudencia y sangre fría con que las autoridades aludidas han obrado a la vista del suceso de Montserrat, merecen ser retenidas como un elemento favorable en las actuales circunstancias patrias que sería ciego no apreciar en su verdadera importancia.

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