ABANS D’ARA
Opinió 04/05/2021

La mort de Napoleó publicada a Barcelona (1821)

Peces històriques triades per Josep Maria Casasús

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La mort de Napoleó publicada a Barcelona (1821)

Peces Històriques Triades Per Josep Maria CasasúsDe Diario Constitucional, Político y Mercantil de Barcelona (25-VII-1821 / 1 i 3-VIII-1821) i Diario de Barcelona (25-VII-1821). Avui fa 200 anys de la mort de Napoleó Bonaparte (Ajaccio, 1769 - Illa Santa Helena, 1821), notícia que va sortir a la premsa catalana amb mesos de retard.

Diario Constitucional, Político y Mercantil de Barcelona i Diario de Barcelona (25-VII-1821): […] Al fin murió Napoleón Bonaparte, aquel hombre extraordinario, objeto por tanto tiempo de admiración de los hombres. […] Bonaparte ya no existe, pues falleció el 5 de mayo a las seis de la tarde de una enfermedad que le tenía en cama hacía ya cuarenta días. Es fácil adivinar qué causas habían producido aquella dolencia, considerando los reveses de fortuna que experimentó, principalmente la dolorosa separación de su amada y tierna esposa, y de su adorado hijo, y por otra parte el injusto destierro que estaba padeciendo seis años hace [..] Antes de expirar, pidió que se abriese su cadáver para ver si su enfermedad procedía de la misma causa que puso fin a la vida de su padre; esto es, de un cáncer de estómago. Hiciéronlo así los facultativos, y hallaron que el enfermo no se había engañado en su pronóstico. Conservó su conocimiento hasta exhalar el último suspiro, y murió, al parecer, sin dolor. […]

Diario Constitucional, Político y Mercantil de Barcelona extractava una carta particular (1-VIII-1821): […] Hay aquí en Paris mucha curiosidad sobre el efecto que habrá causado en España la noticia del fallecimiento de Bonaparte; pero los que tenemos algún motivo para conocer la nobleza del carácter español no dudamos que habrán dado Vdes. un nuevo ejemplo a la admiración e imitación de las demás naciones, no permitiéndose el menor desahogo contra la memoria de un hombre que tantas calamidades atrajo sobre esta tierra de libertad que sabe perdonar los agravios, y compadece a sus autores cuando llegan a ser víctimas de una horrorosa desgracia; y así creemos que la muerte de Bonaparte no habrá sido un motivo de júbilo para los generosos españoles a quienes tantos males hizo, y que le aborrecían de muerte cuando se hallaba en la cumbre del poder, como lo ha sido para estos inmorales ultras, colmados por él de beneficios, y viles aduladores suyos cuando era supremo dispensador de todas las gracias. Aun me atrevo a decir más: los verdaderos liberales de España, los hombres ilustrados de ese país, a quienes no podía ocultarse que el prisionero de Sta. Elena pesaba todavía mucho en la balanza política de Europa, no habrán mirado su muerte con indiferencia; y estoy persuadido que muchos de ellos la habrán sentido vivamente. […]

Diario Constitucional, Político y Mercantil de Barcelona (3-VIII-1821): […] En el funeral de Buonaparte […] el orden del entierro fue el siguiente: Napoleón Bertrand hijo del mariscal, el sacerdote revestido, el doctor Arnott del Regimiento 20, el médico de Buonaparte, el cuerpo en un coche tirado por cuatro caballos, doce granaderos por cada costado para bajar el cuerpo en el descenso de la colina que el coche no podía transitar, el caballo de Buonaparte conducido por dos criados, el conde Montholon y el mariscal Bertrand llevaban las borlas de paño; madama Bertrand y su hija en el coche descubierto, criados a ambos lados y detrás los oficiales de la marina y del estado mayor. […]

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