ABANS D’ARA

Legaliza, que algo queda

De Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939 - Bangkok, 2003) a El País Semanal (7-IV-1985). Una decisió del president Adolfo Suárez que demostra que tot és possible en política.

[...] La legalización del PCE había puesto a media asta el ceño de la plana mayor de la jerarquía militar, cubierto de moscas desde la detención-liberación de Carrillo; la impresionante demostración de fuerza contenida durante el entierro de las víctimas de Atocha y la cumbre eurocomunista de Madrid, celebrada el 2 de marzo de 1977: Carrillo, Berlinguer, Marchais… Demasiados comunistas para el cuerpo. Cuenta Martín Villa: “Desde la cumbre eurocomunista, todo parecía indicar que al final se procedería a la legalización del PCE”. Estaba el tema en manos del Tribunal Supremo, y el supremo tribunal se lo devolvió al Gobierno como si fuera la patata más caliente de la transición. “El 4 de abril, el presidente Suárez convocó una reunión para tratar el tema. Asistimos Gutiérrez Mellado, Alfonso Osorio, Landelino Lavilla, Ignacio García y yo. Suárez expone la situación del problema de la legalización del PCE y se extiende seguidamente en las numerosas y a la vez poderosas razones que abonan el que el Gobierno proceda a la misma.” […] Días después, en el transcurso de una cena a la que asistían Martín Villa y el magistrado del Tribunal Supremo Jerónimo Arozamena, el jurista le ofrece al ministro una solución lógica, extraída de la misma resolución inhibitoria del Tribunal Supremo. […] La fundamentación jurídica de la legalización salió del cacumen y la máquina de escritura de los magistrados Arozamena y Rafael Mendizábal: “Este ministerio, […] ha tenido a bien disponer que se deje sin efecto la suspensión de la inscripción en el Registro de Asociaciones Políticas del denominado Partido Comunista de España (PCE), […]”. Suspiro de alivio en las fuerzas democráticas, inquietas ante la perspectiva de que el PCE capitalizara su ilegalidad. Explosión de alegría en los comunistas de toda España. Cabreo, mucho cabreo, en la Marina y el ejército de Tierra, superado, tras la dimisión del almirante Pita da Veiga, con el rápido nombramiento del almirante Pery Junquera y con la energía y el saber hacer de Gutiérrez Mellado, […].

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