ABANSD’ARA

La educación de los niños

La educación de los niños
Article De ‘solidaridad Proletaria’ 1925
17/05/2019
2 min

Peces Històriques Triades Per Josep Maria Casasús[...]

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Los niños tienen cierto simpático deseo irrefrenable y destructivo. Si hallan una pluma estilográfica la llenan de tierra y la inutilizan. Adivinan que aquella pluma no produce más que estragos y tonterías. El padre no comprende la intuición certera del hijo, pero éste es la providencia de los lectores, sabe muy bien lo que hace y ahorra muchos ratos desesperados; incluso puede darse el caso de evitar un suicidio. Si se sigue por tales caminos, los pequeños acordarán desaparecer colectivamente y a fuerza de ingenio se pondrán antes de acuerdo para volar un mundo poblado por enemigos que les obligan a llevar zapatos cuando quieren ir descalzos, a ir descalzos cuando quieren calzar y a conservar el caballo de cartón en una urna, cuando tienen los niños necesidad frenética de saber lo que lleva el caballo en la cabeza. ¡Cuántas veces martillarían los pequeños en la cabeza de sus autores para ver si está vacía o llena! ¡Creéis que no sospechan la terrible verdad! El pequeño tiene nueve años. A tal edad padres y maestros han procurado por todos los medios que el niño fuera una especie de reloj con mucha cuerda. […] Mirad sus ojos tristes y su pasividad. Ya no inutiliza plumas estilográficas, ni vierte tinteros, ni rompe caballos de cartón, ni corre ni juega con el agua, ni se esconde cuando le buscan. Va a la escuela puntualmente. Si encuentra en la calle al compañerito que desobedece a sus padres y prefiere dar saltos a dar lección, el niño sabio tiene preparado un discurso, echando en cara al otro su desaplicación. ¡Pobre hombrecito! ¡Qué lástima da! ¡Ya empieza a sermonear a los nueve años! Sale de colegio y recita poesías. Es un niño prodigio, un consentido, un susceptible y un insoportable. ¡Qué vida tan lamentable! ¡Ser ejemplo y guía para los intrépidos rebeldes, doctores en volteretas! ¡Servir de confidente a padres y maestros para referir hazañas y valentías de los otros como si fueran faltas monstruosas! ¡No acatarrarse nunca por estar siempre acatarrado! ¡No poder trasnochar cuando el tiempo convida! ¡Desprenderse sin melancolía del juego del atardecer! ¡Ser esclavo del reloj y del mal humor doméstico! ¡Ganar un sobresaliente y no sobresalir en una carrera de saltos que es lo sobresaliente! ¡Bajar la cabeza ante las monstruosidades de padres y maestros! ¡Ser previsor, ordenado y guardador de céntimos en una estúpida hucha que no puede contener más que miseria con lo buenos que son los dulces! ¡Tener que decir “como usted guste” y “para servir a usted”! ¡Ir de comparsa a paradas y procesiones! ¡Asistir a una escuela donde le hablan de las cosas más inoportunas y le enseñan lamentables cantos con estrambote rojo o blanco, cuando el único color que le interesa es el de la pelota que tiene o que desea!

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