'La AVT, el victimismo y las cortinas de humo'

Lucía Etxebarria
24/02/2014
3 min

La primera manifestación anti etarra en Euskadi no fue, como siempre se nos ha intentado hacer creer, la que exigía la liberación de Miguel Ángel Blanco.

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Tuvo lugar el 25 de octubre de 1980, cuando 3.000 personas se manifestaron en Bermeo para exigir la liberación de José Garavilla.

José Garavilla era "mi tío", o eso me decían. Hablo de un pueblo en el que a mí, que entonces tenía catorce años, me daba la impresión –cuando iba de vacaciones– de que todo el mundo al que me presentaban era mi primo o mi tío. La hermana de mi madre, por ejemplo, se había casado con otro primo de mi padre. Cosas de la endogamia vasca. Me parece que era primo segundo de mi padre.

A Garavilla le pedían 200 millones de pesetas en concepto de impuesto revolucionario. En 1980 esa cantidad era una auténtica fortuna y Garavilla, industrial conservero, próspero pero no tanto, no estaba en condiciones de pagarla. Garavilla fue secuestrado un miércoles, ETA reivindicó el secuestro el viernes, y su liberación tuvo lugar el domingo. Habían transcurrido algo más de doce horas desde que 3.000 personas recorrieran las calles de Bermeo al grito unánime de "Garavilla, askatu".

La víspera, el pleno del Ayuntamiento de Bermeo, gobernado por el PNV, había aprobado una moción en la que se consideraba el secuestro de Garavilla "un grave atentado a los derechos humanos y una cobardía, porque el secuestro supone al fin y al cabo una tortura que el pueblo vasco siempre ha rechazado y rechazará ante los distintos atentados a la libertad del hombre vasco por parte del mesías de turno". Desde aquel momento quedó clarísimo para quien viviera en Esukadi que el PNV y ETA eran organizaciones que nada tenían que ver. Pero fuera de Euskadi los medios siempre identificaron, interesadamente, a unos y otros.

Ocho años después de su secuestro, José Garavilla sufrió lesiones al estallar un paquete que estaba abriendo y que le había sido remitido a su domicilio de Bilbao. Garavilla seguía estrechamente vinculado al PNV.

Después nos amenazaron a nosotros. El hermano de mi padre era gerente de una empresa química, y mi padre, de unos astilleros, y presidente del Euskal Etxea, la Casa Vasca en Madrid, afín también al PNV. (Aunque mi padre, al final de su vida, se distanciara de las premisas del partido.)

Estando en Cádiz invitada a un congreso allá por finales los 90, un concejal del PP me llamó "pro etarra" en público porque le recriminé que asociara PNV con ETA. Pro etarra. Durante años, mi padre, residente en Madrid, tuvo que llevar escolta cada vez que viajaba a Bermeo, y se acabaron nuestros veranos allí. Teníamos rotundamente prohibido, por razones de seguridad, contar lo que nos pasaba. Que yo sepa, mi padre no pagó jamás el impuesto. Imagínese la gracia que te hace que un ignorante te llame pro etarra cuando estás viviendo una pesadilla así.

He vivido años harta y amargada por la campaña de desinformación que ha hecho el PP con respecto al "problema vasco" (el del terrorismo, quiero decir, porque "el problema vasco", según rezaba una canción de los Lendakaris Muertos, uno de los grupos más famosos de Euskadi, es que "aquí no se folla y ése es el problema vasco"). Harta de que tertulianos, periodistas o concejales que no han pisado jamás Euskadi, y que no reconocerían el problema aunque se plantara ante ellos agitando los brazos, desinformaran e intoxicaran. Harta de que cada vez que criticara al PP o a la AVT (a la que Garavilla jamás perteneció, por ejemplo) me llamaran pro etarra.

La AVT se ha colocado siempre a la derecha de la derecha. Todos recordamos cuando, en una manifestación en 2005, miembros de la AVT se plantaron ante el Congreso profiriendo insultos contra los homosexuales. Si yo fuera lesbiana y mi padre hubiera sido un industrial secuestrado, me pregunto si podría asociarme a la AVT. Esta posición a la derecha de la derecha se confirma con el aviso de la AVT de que convocará manifestaciones varias contra la política antiterrorista del Gobierno del PP.

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