11/11/2020

‘Gran golpe en Manhattan’ (1972)

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‘Gran golpe en Manhattan’ (1972)

Peces Històriques Triades Per Josep Maria CasasúsEn nuestras carteleras, es una película que cualquier crítico cinematográfico calificaría de frustrada. Es posible que Gran golpe en Manhattan, del director Sidney Lumet, sea cinematográficamente hablando una película irregular. Pero tiene un interés testimonial de excepción: un hombre que prepara un audaz robo padece el “control” secreto de cuatro “policías paralelas”: el FBI entra en su vida porque uno de los cómplices es un negro, posible black panther ; la policía del Departamento del Tesoro fisga en sus asuntos porque el socio capitalista de la operación es un gangster defraudador del fisco; la policía especial antidroga también le somete a sus ojos distantes porque otro de los implicados es un muchacho drogadicto; finalmente, la cuarta policía es “privada”: otro ciudadano, con mucho dinero, le vigila porque el supercontrolado hombre se entiende con su mantenida. Sobre el protagonista de la película, Sean Connery, pende un constante ojo invisible. La situación parece responder a la pregunta de los héroes de Dostoievski: si Dios no existiera, ¿todo estaría permitido? Preventivamente, el Estado policía sustituye el ojo telúrico por el ojo televisivo, por el ojo de la Leica, por la cinta magnetofónica, por los teléfonos intervenidos. Ya hay respuesta para el inquieto Aliosha Karamazov: si Dios no existiera, la electrónica se encargaría de echarle una mano al sistema establecido. No se trata de un argumento cinematográfico efectista. Responde a la conciencia del nivel al que ha llegado el “control” de los Estados Unidos. Se cree que el FBI dispone de un fichero donde está un 40 por ciento de la población norteamericana. […] En Estados Unidos funciona una Agencia Nacional de Control que está al servicio de las distintas “policías paralelas”. […] La disposición del poder ha dado un giro de cuatrocientos grados, si es que se pudieran dar los giros de cuatrocientos grados. Lo ideal sería conseguir tener un fichero con el curriculum vitae de toda la población. Esto es hoy materialmente posible gracias a las memorias cibernéticas, y el poder necesita tener una memoria rica en la que meter a todos los súbditos. Una memoria para la que no existieran puertas cerradas, tabiques, ni siquiera el derecho a la madriguera individual.

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