ABANSD’ARA

Ruta de las alas negras

Ruta de las alas negras
Carrasco De La Rubia 1938
17/08/2018
2 min

Peces Històriques Triades Per Josep Maria CasasúsABarcelona ha venido el soldado poeta que, entre parapetos y trincheras, alternando con el fusil, emplea la pluma para escribir bellos romances de amor y de paz, y madrigales a las niñas bonitas que su joven corazón ama. Sobre el verde malaquita del Mediterráneo una estela negra marcaba el rumbo de Levante a Palma de Mallorca. El mar que besa la tierra helénica debió sentir una repugnancia inmensa al reflejar en sus aguas las frías siluetas de las nuevas naves piratas. Barcelona cada día es herida por la metralla de las aeronaves siniestras. Pero Barcelona, la ciudad firme, abnegada y heroica, que alberga en su seno a los evadidos de la zona negra, acusa los golpes con estoica firmeza. ¡Mal negocio hacen aquí los piratas negros! Creyendo desmoralizar a los catalanes, los han unido con los demás pueblos en compacto bloque de acero para defenderse. “EI terror no hace mella en nosotros”, han dicho, y a continuación millares de obreros con sus herramientas fortifican la tierra, y el “¡No pasarán!” vuelve a ser el grito que galvaniza a todos los luchadores. El soldado poeta, que ha venido a Barcelona, sabe todo eso. Pero en su alma hay un desgarrón cada vez que asiste a un bombardeo, y sus lamentos se clavan en el cielo cada vez que contempla un edificio destruido. La voz de Joaquín Canosa, este soldado que ha escrito unos versos llegados a mis manos por casualidad, se eleva en el espacio, lleno aún de humo, y dice: “¡Dolor y sangre en tus ruinas! -¡Lágrimas en las aceras! -En tu cielo, copos blancos -de una nieve que no hiela. -Gavilanes de aluminio. -Aves de muerte y miseria. -Sus metálicos plumajes -nos hablan de horror y guerra. -Montañas de piedra y hierro. -Las calles, fosas abiertas”. Y en paseo triste, sin atreverse a levantar la mirada a lo alto, por donde la muerte viene, la arrastra al suelo lleno de hierros retorcidos, y exclama: “Barcelona siente el frío... de mil cuchillos que queman -sus entrañas de progreso -hoy pariendo gestas nuevas”; y evocando días de paz, cuando la ciudad reía con sus calles bañadas de sol, el poeta dice: “El verdor de sus montañas -se agosta en la primavera. -Las palomas de sus parques -vuelan por rutas inciertas.” El poeta calla durante largo rato como empapado de recuerdos nostálgicos; pero no, no escribirá su pluma nada triste; lo mismo que la ciudad, que tras la amargura y el dolor de sus heridas, reemprende con más fuerzas el ritmo interrumpido por la agresión salvaje, cobra nuevos bríos para decir: “Pero el músculo en la fábrica -de nuevo, lo roto empieza -y el cerebro, con la pluma-, nos dice que no está muerta.”

stats