ABANS D'ARA

España está de luto. Incendio del Prado (1891)

Mariano De Cavia
30/04/2013
2 min

Peces històriques triades per Josep Maria Casasús¡Noche, "lóbrega noche"! podríamos decir con D. Juan Nicasio Gallego, si la ocasión no fuera harto inoportuna para andarnos con floreos retóricos y si la idea de la lobreguez pudiera asociarse a la de la espantosa hoguera que en estos momentos tiene estremecido y atribulado a todo Madrid.

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A las dos de la madrugada, cuando ya no nos faltaban para cerrar la presente edición más que las noticias de última hora que suelen recogerse en las oficinas del Gobierno civil, nos telefoneaban desde este centro oficial, las siguientes palabras, siniestras y aterradoras:

-El Museo del Prado está ardiendo.

¡Ardiendo el Museo del Prado!

En aquel mismo instante daban comienzo las campanas de las parroquias a sus tétricos toques. Nos echamos a la calle, y al llegar a la Puerta del Sol advertimos desusado movimiento de gentes. […] De los cafés, de los círculos, del Casino, del Veloz, de la Peña, salían en revuelto tropel los trasnochadores, y el vocerío era tal, que apenas había ventana ni balcón donde no se asomaran los pacíficos vecinos, turbado el sueño por el estruendo de la calle.

-¡Qué desdicha! ¡Qué catástrofe! ¡Pobre España!... ¡Perdemos lo único que aquí tenemos "presentable"! […]

Tiempo nos quedará -si la "jettatura" del Sr. Cánovas no acaba con todos los españoles de una vez- para recordar a la patria lo que a estas horas está perdiendo, como lo pierden también la Humanidad y el Arte, por culpa de la imprevisión oficial. Sí; la maldita y sempiterna imprevisión de nuestros gobiernos, ha sido el origen de esta tristísima catástrofe.

Parece ser que el fuego se inició en uno de los desvanes del edificio, ocupados, como es sabido, a ciencia y paciencia de quien debía evitarlo, por un enjambre de empleados y dependientes de la casa. Allí se guisaba, allí se encendía fuego para toda clase de menesteres caseros, allí se olvidaba, en fin, que una sola chispa podía bastar para la destrucción de riquezas incalculables. […] Un brasero mal apagado, un fogón mal extinguido, un caldo que hubo que hacer a media noche… y ¡adiós "cuadro de las Lanzas"!, ¡adiós, Vírgenes y Cristos, Apolos y Venus, héroes y borrachos, reyes y bufones, […]

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