ABANSD’ARA

En la muerte de Juan Estelrich

En la muerte de Juan Estelrich
Néstor Luján 1958
30/07/2016
2 min

Peces Històriques Triades Per Josep Maria Casasús[...]

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Con Juan Estelrich se nos ha ido un hombre que, en todo momento, estuvo con nosotros con su maravillosa y espléndida autoridad moral, y hemos perdido a un escritor que durante mucho tiempo prestó la densidad de sus ideas a la vida, siempre leve y efímera, de un periódico. […] En el momento en que la muerte le ha alcanzado, una muerte inesperada, sobre su mesa de labor, en una cálida madrugada de París, nos damos cuenta de cuanto ha perdido nuestra cultura con la desaparición del hombre, de su sugestión y de su obra. Porque ha sido Juan Estelrich una conjunción muy armoniosa de cualidades humanas como raramente se produce entre nosotros. Ha sido un intelectual activo, un organizador magnífico, un fino diplomático de la cultura, un erudito lleno de discreción, un director eficaz y siempre un amigo generoso y magnífico. […] Para él contó más que las personas hicieran las cosas, que no que se las agradecieran. Ni tan sólo pensó en que se las agradeciera la siempre enigmática posterioridad. Por esta razón creo que es un deber, en el momento de su muerte, decir esto, y que sería una noble obligación señalar cuantas cosas se debieron a su inspiración, a su constante fiebre de aumentar la riqueza intelectual de nuestro país o de darla a conocer valerosamente como una afirmación rotunda. Al lado de esto, de esta callada obra inolvidable, está cuanto hizo tangible, y fue mucho. Está su presencia constante en los grandes acontecimientos culturales de Cataluña, está su positiva vocación política, está su presencia en la UNESCO como uno de los hombres mejores y más civilizados de nuestro mundo intelectual, están sus empresas editoriales, sus libros y conferencias, sus dotes de organizador, y está, finalmente, el hombre. […] Ha sido un hombre que amó extraordinariamente a su tierra natal y al lado de su poliglotismo románico -hablaba con fluencia y gracia, con policroma gentileza, todas las lenguas de la latinidad- siempre tuvo una sabrosa complacencia en hablar su jugoso mallorquín natal. Oír hablar el mallorquín a Juan Estelrich era quizá la prueba mayor de su cosmopolitismo, porque sólo un hombre con una idea clarísima de la amplitud cultural de Occidente, podía volver a su idioma natal con un tan feliz y vivísimo amor.

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